jueves, octubre 05, 2006




La ruta de las pallozas


Sonrisas en el coche que anuncian una nueva huída.
Cielos azules con nubes de algodón, no parece que vaya a llover, a pesar del Gordon gallego.
Nuestra excursión hoy es hacia las pallozas, hacia pueblos bercianos que lindan con Galicia, hacia montes que no conocemos y carreteras más estrechas si cabe, que la de nuestro pueblo.
La primera parada es la palloza de Carracedelo. Una palloza moderna que recuerda a las de antaño, aquellas casas de piedra y tejado de paja de los celtas que vivieron por aquí. En esta palloza – restaurante se sirve el mejor café de puchero de todo el Bierzo, si pasáis, no dudéis en probarlo.
Con nuestra dosis de cafeína diaria nos dirigimos hasta otro pueblo: Balouta y la Palloza de Chis, nuestra segunda parada. Otro bar en otra palloza moderna. Un enclave natural increíble, un pazo, dos castaños espectaculares dentro y un buen ambiente habitan la palloza de Chis.
Finalmente acabamos en Cantexeira, uno de esos pueblos fronterizos entre León y Galicia, donde las gentes falan galego y Ponferrada queda lejos, muy lejos a pesar de que sólo hemos recorrido 40 kms.
Entramos en una palloza de verdad, de las antiguas, una mujerina se ríe de nosotros cuando, torpes, no sabemos abrir la puerta. "Esta palloza tiene más de trescientos años" nos dice un paisano que se calienta a la lumbre de lo que fue la cocina mientras nosotros nos tomamos un vino como no puede ser menos.
Dejamos Balouta para adentrarnos en pueblos perdidos en bosques maravillosos y algo encantados debido a la hora que es. Llegamos hasta Paraxís, un pueblecito con tan sólo dos vecinos y una iglesia habitada por un pequeño demo. Una mujerina sale de la rutina de su casa para ver a estos turistas y nos pregunta: "¿de dónde venís?" De Ponferrada, decimos… y "cómo andan las cosas por allá, allá debe haber mucha gente…"
"¿Cómo es que tienen un demonio en la iglesia?- le preguntamos interesados: "no tenía casiña y en algún lugar tenía que vivir el pobriño…"
Pero a pesar del demo, estos vecinos no tienen miedo, ya que el ángel de la guarda está con ellos… ¡menos mal!
La mujerina vuelve para su casa y muy alegremente nos invita a la fiesta del pueblo, "es el domingo y viene mucha gente", nos dice…
La noche nos invade de repente y la lluvia también. Noche oscura sin luna por montes encantados, en cualquier momento nos aparece una meiga, eso seguro. Sin dudarlo atravesamos la linde, entramos en Galicia, provincia de Lugo. De allí recorremos más pueblos. Pueblos durmientes, señalizaciones inexistentes, anarquía de fronteras, y árboles, corredoiras, perros callejeando después de su jornada de pastores y estrellas que se resisten a salir por la lluvia…
Nuestra excursión acaba en Lugo. Lugo ciudad, Lugo capital. Ciudad enmurallada bañada por la lluvia. Es sábado noche y todo el mundo está en la calle a pesar del temporal. Nosotros sin paraguas, sin nada, no olvidamos nuestra faceta de turistas a pesar de: a pesar de las horas que son y de la que está cayendo.
A esas horas vacacionales de la noche entramos en un restaurante africano a cenar. Un restaurante africano en la ciudad gallega que sirve comida italiana que acompañamos con una botella de Ribeiro… extraña combinación… pero igualmente deliciosa…
De nuevo retomamos nuestra ruta, son las dos de la mañana y hay que volver a casa, al pueblo…
Con los pies mojados y descalzos y las sonrisas en la cara…
Besos,
los cuatro que ahora somos cinco, ¡Zipi y Zape (o sea Toni y Edu, el rubio y el moreno) juntos de nuevo!

Un paraíso nos confins da terra!