Con fallas y a lo loco
¡¡¡Riiiiiiiiiiiing!!!... suena el despertador, tirano de las mañanas que me hace abandonar el mundo de los sueños para devolverme al mundo real, como todos los días a las siete de la mañana. Pero hoy no es un día cualquiera, hoy es un día especial, el pitido del despertador ha sonado de forma diferente, más melodioso, más alegre, incluso me ha parecido simpático, ¿la razón?...simple... ¡¡me voy de fallas!!
He quedado a las ocho así que será cuestión de irse levantando... pero mi cuerpo es revoltoso y no me quiere hacer caso. Claro, que si me quedo media horita más durmiendo... tampoco va a pasar nada... total, sólo tengo que ducharme, afeitarme, peinarme, vestirme, almorzar, preparar la maleta, el saco de dormir, la cámara de fotos, echar gasolina al coche, ir a buscar a mi primo a Sol i Padrís y volver. ¡Ufff! Que estrés... por suerte yo no gasto de eso, así que me quedo media horita más, porque yo lo valgo. En mi cama me acurruco a mi compañera de sueños, una almohada blanca, suave y esponjosa, cierro los ojos he intento recordar las últimas escenas de mi sueño, qué a gustito, qué calentito, qué tranquilidad, qué… ¡que me tengo que levantar ya! Mientras yo retomaba mis sueños el reloj conspiraba contra mi haciendo más cortos los minutos, ya ha pasado la media hora. Ahora sí, ¡ya no hay tregua! ¡A levantarse!, rápidamente me acicalo, ¿me dará tiempo a todo lo demás? Sí, dispongo de una pequeña eternidad de 30 minutos. Tras recoger a todos los componentes de esta aventura salimos con dirección a Valencia, tierra de naranjas, mandarinas y zumos concentrados.
Por el camino paramos en un área de servicio, el único sitio del mundo donde se pueden encontrar esos sofas automáticos que dan masajes ¡por sólo un euro! … mmm tentador… pero no, prefiero invertir mi euro en un bocadillo de jamón y queso y un zumo. La conversación empieza animosa… alguien tuvo la genial idea de hablar de pisos... y allí nos tienes, a los seis hablando de hipotecas, bancos, pisos, casas y llegando a las mismas conclusiones de siempre… por suerte en un ataque de perspicacia intento cambiar de tema… - ¿Qué opinais de la reproducción asexual de las amebas?... otra suerte también es que algunos de mis pensamientos no lleguen nunca a traspasar el umbral de mi boca… uff solo lo he pensado... nadie me ha escuchado... sin embargo, en la otra mesa una niña se gira y me mira como si hubiera oido mis pensamientos… me hace dudar… pienso que tal vez sea telépata? Pero ella me contesta: -No, no lo soy. (uff...vale, me quedo más tranquilo...). Así que tras ponerle cuatro caras divertidas y sacarle una sonrisa retomamos la ruta.
Finalmente llegamos a Valencia, una ciudad invadida por gigantes de polispán y cartón piedra que yacen sentados en las calles esperando que la gente de a pie como nosotros disfruten de sus explosiones de color y de sus formas irónicas. Aunque parezca mentira logramos aparcar en la calle Palleter, que mejor no intentéis traducir al castellano… Tras ver unas cuantas fallas decidimos ir a la Ciutat de les Arts i les Ciències. Un simpático guardia nos indica el camino...- al final de la avenida a la derecha. No tiene pérdida. Que simpático… pues nada a seguir nuestro particular camino de baldosas amarillas y caminar, caminar, y caminar… empezamos a acordarnos de la familia del guardia… y ya no nos parecía tan simpático… la avenida nunca se acababa... incluso estuvimos apunto de preguntar si todavía seguíamos en Valencia o nos habíamos salido... Tras una hora de camino logramos dislumbrar unos bonitos edificios blancos de arquitectura imposible. Bueno y ya vistos... hay que volver... que cachondos… por suerte existen autobuses que te llevan a todos lados (¡ya se nos podría haber ocurrido antes!). Tras una larga noche decidimos volver al albergue. Esa noche y la siguiente pasaron más cosas, pero esta historia ya es demasiado larga para seguir contándola ;)
Un beso,
Toni.



0 Comentario/s:
Publicar un comentario
<< Nuestro de los cuatro