jueves, agosto 17, 2006


(Miami-platja, Tarragona)

Las seis menos cuarto

Érase una vez un finde que se convirtió en unas micro-vacaciones para cinco amigos con ganas de disfrutar. Cinco amigos que se juntan, que planean un finde a cualquier lugar, un finde disfrazado de vacaciones, un finde mentiroso y nosotros que nos dejamos mentir, porque ya está bien de tanta rutina, ya está bien de cumplir horarios, ya está bien de trabajar en soledad mientras todos disfrutan de sus días... ¡¡ya está bien!!
Reivindicamos la siesta, el comer a las cuatro, el rebozarnos en la arena de la playa y el acumular descanso y sol en nuestras pieles.
¿Qué hora es? Las seis menos cuarto. Buena hora para salir o para comer o para hacer lo que se quiera, no importa, no pasa nada: es finde y nada importa.
Es bien sabido por todos que aquí, en mi casa, andamos sin reloj. Porque sí. Porque no lo necesitamos. Porque vivimos esclavizados por los horarios y los relojes como para también tener que soportarlos en nuestros cuerpos. Así que andamos sin reloj en nuestras muñecas pero con horario fijado en cada uno de los cacharritos de la casa: el móvil, el vídeo, la cadena de música, el ordenador, los despertadores... etc, etc. Pero igualmente, de todos ellos pasamos. De todos menos uno: del reloj de la cocina. Es el único al que seguimos, a pesar de que lo tenemos adelantado, ¿cuánto era? cinco minutos??? No sé, aproximadamente, y ¡qué más da!
Pero hace unos días, vivimos en la inopia de los horarios (más si cabe) ya que él también se ha ido de vacaciones dejando que el tiempo no pase en casa. Nuestro marcador oficial del tiempo ha decidido pararse a las seis menos cuarto. Ha decidido que esa es buena hora para empezarlo todo, hasta unas vacaciones.
Así que a las nueve… o como dice nuestro reloj… a las seis menos cuarto llegó Marga al hostal royal. De nuevo su cama hecha, de nuevo su maletita con sus cositas. De nuevo su sonrisa en la cara, sonrisa de subidón de vacaciones y de "¡qué bien!" ¡Playa otra vez!
A las… ¿seis menos cuarto? llega Toni con su Audi negro. El Rubio que también trae su mochila, sus chanclas del 45 y la pelota. Joéeee, otra vez la pelota dando vueltas por el maletero, de hoy no pasa que juguemos a algo... ¡todo sea por estrenarla!
A las seis menos cuarto como no podía ser menos nos ponemos aquí las chicas (Mont y yo) a preparar su mochila… los sacos, camisetas, toallas, bikinis, braguitas… y…
Ya en el coche, Mont grita: “nooooo, ¡se me ha olvidado el pijama!”. Y ale, media vuelta. Y… “¿has cogido los tapones para los oídos???” –“Noooo…” otra media vuelta… si es que saliendo a esa hora, ¿¿¿cómo queréis que no se nos olviden cosas???
Finalmente, a las seis menos cuarto… ¡que alguien me diga la hora por dios!... nos fuimos de casa, cerramos el hostal a cal y canto y fuimos a buscar a la quinta pasajera: la Nuri enfermera.
La Nuri enfermera que "es chica de noche" pero no piensen mal, que mi pobre, es enfermera asidua del turno de noche. Que, mi pobre, no ha dormido nada y se ha venido directa de la clínica y que no sabe la que se le va a caer encima: cuatro Rodríguez que no saben callar y guardar silencio, que tienen ganas de reír... A pesar de que ella quiere dormir... Pero hablamos bajito y ya está... Y que cante Corinne Bayley que lo hace muy bajito y muy dulce para descansar...
¡Ya estamos todos! ¡Vuelven a ser las seis menos cuarto y nos vamos!
Nuestro destino de vacaciones son las playas de la Costa Daurada. Increíbles playas infinitas de arena fina y aguas cristalinas. Playas en las que puedes adentrarte en la inmensidad del mar por tu propio pie, playas calmadas que te dejan nadar a tu gusto, meciéndote de un lado a otro si te dejas, si quieres, si te apetece...
Mi mejor recuerdo de estas micro-vacaciones (término acuñado por el Rubio del que tomo prestado, si me deja…) ¡sois todos vosotros!
Conversaciones con mi Marga que debe quererse un pelín más, que me dice que se siente totalmente ella conmigo, con nosotros, y que no le pasa con todo el mundo. Que querría vivir más cerca nuestro, que es maravillosa la playa y me vuelve a decir que tiene una paz interior...
Que recarga pilas con el verano, que las necesita para el invierno en los que se convierte en una seta. Y nos decimos que no, que “al mal tiempo, buena cara” y que ya haremos más escapaditas de estas a ninguna parte, a cualquier lugar, siempre que sea con vos.
Las risas con el Rubio que tiene que aguantar a cuatro mujeres y conversaciones de compresas, tampones, reglas y cremas, con dos "arreglás" (Mont y yo), con una con dolores pre-menstruales (Marga) y la otra con los post-menstruales (Nuri). Y él que nos cuida y nos mima y el camarero del restaurante le mira con ojos de "Canalla, qué suerte tienes, ¡vas con cuatro! ¡¡¡Cuatro para ti solito!!!".
Y Mont que dice: ¡Miami playa me encantaaaa! ¡Qué bonito, qué paz, jooo que me quiero meter en el agua!!!...
Que salta, que canta como ella sola sabe cantar y que se ríe por nada, y que está muy cansada mi Pitu enfermera por currar todas las horas del mundo, pero no le importará venirse también la semana que viene...
Y siempre es bueno ver a Nuri otra vez a la que hacemos reír con nuestras payasadas, que está guapísima, a pesar de que en la playa abandona el club de las chicas de pelo rizado... ¡Ohhhh nooo! Pero si lo tienes liso, ¡¡¡no puede ser!!! Pero al día siguiente ya vuelve a ser nuestra Nuri con el pelo rizado, como siempre. ¡¡Qué guapa!! “¡Tú que me miras con buenos ojos!”
Y yo que no callo, que no paro, que amenazo con Estopa para animar a los corazones, para dar vidilla y buen rollito y marcha y más marcha, porque de eso se trata... Y es que ¡¡¡"la vida es la ostia!!!"

Son, lo dicho: ¡la vida es la ostia!