miércoles, octubre 24, 2007




Érase un verano

Dichosos los ojos, pensaréis. Pues ya tenéis razón. Sí.
En una tarde ociosa de lunes como hoy me decido a escribir. Vengo con la escoba, el delantal y el pañuelo en el pelo. Lista para desempolvar y quitar las telarañas de nuestro blog. Que seguro que encuentro.

Me meto dedos a la obra. Dedos veloces que tienen ganas de explicar mucho. Porque es mucho lo que hay que contar… y es que ya sabéis que nuestro verano da para mucho.
Empezamos el veranito en junio, como el resto de los mortales, pero ya saben, lo alargamos hasta lo que podamos… y ese “que podamos” este año ha resultado hasta el 15 de octubre.

En nuestro verano hemos tenido de todo: viajecitos, lluvias y soles, días de relax y días de movimiento. Playa y montaña, semanas interminables repletas de lunes, agua para aburrir y sol, por fin, para acompañar en nuestras huidas a otros paraísos.

La primera huida reconocida fue a Formentera. Formentera y una comuna llena de amigos con ganas de pasarlo bien. Formentera, sa illa de sa calma con sa penya…
Un paraíso detrás de cada mirada, un paraíso en cada playa, cada puesta de sol, cada paseo en bici… Trebelugins reunidos y unos cuantos más, ya que este año nos unimos a sa peña Mont, Toni y yo por primera vez… junto con otros amigos y los incondicionales Trebes de siempre dispuestos a acoger cuanta peña quiera… dispuestos a mostrar sus rincones preferidos con una sonrisa y un “qué bien que este año habéis venido…”





El agosto se nos fue y nos sorprendió un septiembre con una visita fugaz a Zaragoza. “Sonríe, que estás en Zaragoza” dicen los carteles de la Expo 2008. Nosotros seguimos la consigna al pie de la letra. Y es que, qué bien se está de micro-vacaciones, un fin de semana, unos amigos y unas vacaciones. Vacaciones en medio de los tediosos días de trabajo de cuenta atrás.
LuisJa nos acogió en su casa, nos dejó su sofá y unos fabulosos redfors, que no roberts para dormir. La última vez que dormimos con los robertsredfors esos, “los colchones hinchables con el que usted será el anfitrión ideal”: Y una mierda!! Qué mal que se duerme, la Cris al fisio de cabeza, y la Moni, cagá de frío, mi pobre!
A pesar de los restforms, el finde fue genial. Qué sol y qué fría el agua de la pisci… qué risa con la cachimba y con el cambio climático de Cris… “qué haces sin el cuello alto???”
Qué buenas las lecciones de tenis aunque tenga que decidirme, pobre zurda de mí, con qué mano cojo la raqueta.




En nuestro septiembre de cuenta atrás llegaron nuestras vacaciones. Nuestras verdaderas vacaciones por fin. Esas en las que uno olvida las contraseñas del trabajo, los códigos y demás tareas a las que uno se dedica diariamente. Esas en las que se dejan los móviles de lado, de los relojes ya no hablamos, ya que ninguno de nosotros lleva reloj habitualmente…
Nuestro verano de otoño nos llevó al 206 de la Moni cargado hasta arriba. Los cuatro de nuevo, carretera y manta, música de viaje y ale, hacia el pueblo: nuestro paraíso de siempre. El paraíso al que siempre queremos volver. Porque volver siempre está bien. Porque repetir mola. Porque no necesitamos razones, ni excusas para volver. Simplemente siempre volvemos.

Volvemos y lo hacemos con toda nuestra ropita de verano esperando que el verano siga, y no. Se acabaron los tirantes y las chanclas, empezamos a presumir con los “taconines” de las gavilanas y la cazadora tejana por Ponfe.

En nuestros días en el pueblo, no paramos.
De repente pensamos que sería buena idea dar una vuelta por ahí, y ese por ahí se nos convierte en divagar entre bosques de eucaliptos y prados verdes intensos donde las vacas de la Central lechera son las únicas dueñas. Entre las lindes de Lugo, Asturias y León pasamos los días.
Días de risas y bogavante, vinos blancos y tablas de quesos y es que cómo nos gusta el turismo gastronómico!


Después de maravillarnos con pueblos perdidos por nuestro norte llegamos a nuestro punto de partida. De nuevo, nuestro pueblín berciano nos espera. Nos espera y despide a Mont y Toni, que acaban su Gran Hermano Compludo 2007, deben regresar al plató, donde otros quehaceres les esperan.
Pero la casa sigue habitada y las ganas de hacer cosas siguen inundándola. Candi, un día, nos viene con la sonrisa de oreja a oreja: se tomará otras vacaciones. Vacaciones dentro de las vacaciones, eso nos suena a escapada para nosotras, las que nos quedamos.
En vista de que las lluvias se dirigen a la hermana gallega y portuguesa decidimos abandonar nuestro norte para adentrarnos en el centro. Visitamos con ilusión Ávila y Segovia. Ancha es Castilla y qué razón tenía el amigo Antonio cuando lo pensó. Ancha y tan diferente! Ávila y sus murallas son impresionantes. Santa Teresa y su “Vivo sin vivir en mí” y sus yemas, la catedral y sus innumerables “edificios bonitos” QUE NO SE PUEDEN VISITAR, ¿pero cómo?
El día no nos acompañó y se notaba en la gente, demasiado grises, demasiado apagados… pero en fin, ya nos conocéis, nuestro “al mal tiempo, buena cara” hizo que siguiéramos con nuestra ilusión del paseo por Castilla.

Nuestra siguiente visita fue a Segovia. Oh my god. El acueducto es impresionante. Qué cosas que hacían los romanos!! Una construcción tan perfecta que a veces parece un tente de aquellos, una construcción al más estilo playmóvil… un escaparate impresionante o hasta un decorado de cartón-piedra, pero no: es real, y de tan real que es impresiona.


Nuestros días siguieron en la calma y los días de sol en el pueblo. Días de idas y venidas por Ponfe, de recados, de compras, de tomar un café a horas intempestivas, y de…¿por qué no? Por qué no dedicar un día a nosotras mismas y regalarnos una sesión de peluquería???


Pelu y pelo liso. Pelu y compras y visitas, primero, de la primi Sonia que decide escaparse y dejar Salamanca unos días para venirse con nosotras de cortos por Ponfe. Y luego visita de Carolina y Paco. Una parada obligada en su semanita de vacaciones de otoño, en su cruzada hacia Galicia con motivo, excusa y razón de peso como es una boda de unos buenos amigos.
Hicimos lo que pudimos en nuestra faceta de anfitrionas, queridos. Por nuestra parte, veros fue genial, lástima, como dice Paco, no haber podido conocer al “cuerpo cabrón”, pero bueno, él sigue en la esencia del pueblo, tan sólo hay que respirarla.


Antes de marchar y acabar nuestras vacaciones no podíamos faltar a la fiesta de los Remedios. No podíamos no compartir esta fiesta y este día con nuestros tíos y recordar al abuelo, que tanto disfrutaba en esa fiesta. Una fiesta en Luyego, la fiesta de los Maragatos. Allí fuimos, allí hicimos esperar a nuestros tíos, porque a veces llegamos tarde, y allí pasamos el día, con la agradable sorpresa de encontrarnos de casualidad con nuestros primos. Primos de aquí y de allá, de un lado y otro de la familia, queridos todos al fin y al cabo.


Y poca cosa más.
Después de los Remedios ya se sabe, vuelta a casa, qué remedio, vuelta a la rutina. Madrugones de golpe y cambio climático.
Noches en vela, insomnio repentino y sueño matutino. Ordenadores y contraseñas y tareas y reuniones y retomar las clases de francés, el gimnasio…
Y se acabaron los pinchos y los cortos, el bogavante bañado con Ribeiro, los donuts de la Liebana y las tardes al calor de la estufa comiendo castañas. Se acabó el coger el coche a la noche y no saber la hora de vuelta.
Se acabó. Pero volverá, y es que siempre volvemos…
Siempre es buena idea volver…

Lo sé,
No he sido breve. Ahora no se me quejen…
Que estoy de depresión post-vacacional!

Miles de besos,
Sonia, hemos vuelto!

2 Comentario/s:

  • A 30/10/07 09:04, Anonymous Anónimo dijo…

    Demasiado largo....jeje!

     
  • A 20/11/07 13:53, Anonymous Anónimo dijo…

    Con muchos sentimientos todo queda así de bien y más cuando hablas de pueblos como Valdemanzanas muchos besitos de vuestra prima Paloma

     

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